miércoles, 17 de julio de 2013

LA FUGA

La Argentina muestra el no envidiable privilegio de exhibir la mayor fuga de capitales de América Latina respecto de su Producto Interno Bruto (PIB). La huída de parte de los ahorros internos es consecuencia básica del despliegue hegemónico de la globalización financiera –la financiarización como la denomina Aldo Ferrer-. Billones de dólares son refugiados en los paraísos fiscales y abarcan a naciones desarrolladas, semi desarrolladas o demoradas económicamente.

En la Argentina las dos clases que fugan gran parte de sus ganancias –que no declaran al fisco- son la media alta y la alta.

Los investigadores argentinos Jorge Gaggero, Magdalena Rúa y Alejandro Gaggero, presentaron su investigación sobre el tema en Londres, en City University, hace quince días, en la cual demuestran que nuestro país, junto a Venezuela, ocupan el primer puesto de fuga en el ranking de naciones latinoamericanas, y respecto de China, Rusia, Corea y Kuwait. 200.000 millones de dólares en los últimos 20 años. Pero según el cálculo del investigador James S. Henry, de TJN, la fuga suma 400.000 millones de esa moneda, porque considera la ilicitud de las fugas, mediante algunas exportaciones.
La dolarización de ahorros –la fuga- son comportamientos perturbadores de la estabilidad económica financiera. Gran parte son capitales no declarados: en 2010, según el Indec, se fugaron 175.024 millones de dólares. Las Declaraciones Juradas del Impuesto sobre Bienes Personales –publicado en el Anuario de Estadísticas Tributarias de AFIP año 2011, período fiscal 2010- “los residentes argentinos sólo han declarado alrededor de una décima parte del total de activos que calcula el Indec”, sostiene Jorge Gaggero.
La expansión de la fuga comienza con la última dictadura, por la reforma financiera de Martínez de Hoz, quien eliminó las regulaciones y habilitó la compra libre de divisas como la inversión. Aquella política desmoronó el proteccionismo a la producción local que, por la fuerza de los hechos, aplicaron los conservadores de la década del 30 (padres ideológicos de Martínez de Hoz) y que Perón y otros gobiernos la aplicaron conscientemente posibilitando la industrialización.
Esa minoría que fuga dólares es la misma que hoy se queja por no poder comprarlos por la regulación de la cuenta de capital y enarbola la libertad económica afirmando que es esencial a la democracia. Sin embargo, fugó divisas también cuando apoyó las políticas neoliberales de la autocracia militar, de Menem y De la Rúa, que son los responsables de haber metido a la Argentina en la más grande crisis de su historia contemporánea.
Algunos estiman justificarse aduciendo ausencia de estabilidad. Pero la inestabilidad, como los desequilibrios económicos, se debe a la escasez de dólares respecto de la inversión necesaria para crecer, que son exportados ilegalmente para eludir impuestos. Las conexiones están a cargo de los bancos, que reciben altas comisiones y enarbolan la libertad financiera premisa ideológica. Bastardean el término libertad usándolo para sus negociados y la violación de las leyes. La palabra suena noble pero es engañadora por el uso de los especuladores.
Pregonaron contra los gobiernos de origen popular; participaron en sus derrocamientos; fueron activos promotores de los conservadores –hoy neoliberales- y esmerilan al actual gobierno acusándolo de intervencionista y hasta de dictatorial (“Hay que acabar con Cristina”), y siguen fugando dólares como desde hace veinte años. El país les interesa por lo que hacen dentro y no por nada más.
Les recomiendo que lean el libro Los Garcas, de los hermanos Muleiro. Garca proviene de las dos últimas sílabas de oligarca, alta clase social minoritaria controladora del poder político, palabra inventada por Aristóteles, filósofo que despreció con su inmenso talento y alma profunda a los oligarcones. Significa definición política, pero también cagador y su vesre es precisamente garca.
Esos detractores de los intereses nacionales se proyectan desde el fondo de nuestra historia. Y tienen poder.El sobresaliente en los últimos años fue José Alfredo Antonio Martínez de Hoz –fallecido- ministro conspicuo de la dictadura, iniciática de la fuga de capitales. Su política “estabilizadora” hizo prevalecer las finanzas a la producción alcanzando dos de sus objetivos: las altas tasas de interés reemplazaron a las ganancias lícitas y entre 1976 y 1980 hizo que el ingreso de los asalariados bajara el 40% y su participación en la renta nacional retrocediera al 30%, en tanto su jefe, deshonrando su uniforme, Jorge Rafael Videla, otro gran garca, -sumergido en una tumba oculta- avalaba con sus colegas la política económica antinacional del descendiente de uno de los primeros traficantes de esclavos en el Río de la Plata.
Lo peor, para quien redacta, es que hay personas que les creen a los garcas, invención sociológica de la oligarquía.
Julio 2013-
Canono Elorza.